El PRAGMATISMO

 

Pragmatism (del inglés pragmatism); sust. m. Tendencia filosófica según la cual el único criterio de validez de cualquier teoría científica, ética o religiosa debe basarse en los efectos prácticos de la misma: el pragmatismo ha sido una de las tendencias más discutidas en el ámbito de la filosofía de la ciencia actual.

Filosofía. Pragmatismo

“pragmatismo” fue introducido en la filosofía por Charles Sanders Peirce, quien fue el primero en dar una idea de en qué consistía el método pragmático, en sendos artículos publicados en 1877 y 1878. William James, al dar su propia versión de este método, remitió a uno de esos artículos de Peirce y, por su cuenta, conectó el significado del término pragmatism con el vocablo griego pragma (“acción”). John Dewey vinculó tanto el origen del nombre cuanto el contenido del método con Kant, en cuya obra habría aprendido Peirce filosofía. Dewey, contra los que pensaban que el método pragmático era rigurosamente americano, lo derivó de la distinción kantiana entre práctico (referente a las leyes morales a priori) y pragmático (concerniente a las reglas del arte y de la técnica, derivadas de la experiencia y aplicables a ella).

No obstante, esta referencia a la filosofía kantiana, el movimiento filosófico, o grupo de corrientes filosóficas, llamadas “pragmatistas” se han desarrollado sobre todo en Estados Unidos y en Inglaterra, y constituyen la primera contribución original de los Estados Unidos de América a la filosofía occidental.

Esta es la reproducción de un estudio de dominio público, con algunos cambios de puntuación tácita, provisto por Phyllis Chiasson. Como la práctica académica tradicional es aludir a los pasajes en este artículo con referencia a los números de párrafo en la versión que aparece en los Collected Papers de Charles Sanders Peirce, Vol. 5 (Harvard University Press) estos números de párrafo se han interpolado aquí y aparecen entre corchetes.

Este es el primero de una serie de tres papers. El segundo es “Cuestiones de Pragmaticismo”, que apareció en el mismo volumen de The Monist, pp. 481-499, y el tercero es “Prolegómenos a una Apología del Pragmaticismo”, que apareció en 1906 en el Volumen 16, pp. 492-546. Estos se han reproducido también en los Collected Papers, en los Vols. 5 y 4 respectivamente.

Por su vasta experiencia, el autor de este artículo ha llegado a creer que cada físico y cada químico y, en pocas palabras, cada maestro de cualquier departamento de ciencia experimental, ha llegado a moldear su mente de acuerdo a su vida en el laboratorio hasta un grado que es poco sospechado. El experimentalista mismo, con dificultades estará plenamente consciente de ello, debido a que los hombres cuyo intelecto realmente conoce son muy parecidos a sí mismo en este respecto. Nunca llegará a interiorizarse íntimamente con intelectos con entrenamiento grandemente diferentes al suyo, cuya educación ha sido mayoritariamente obtenida a través de libros, aunque llegue a mantener relaciones familiares con ellos; porque él y ellos son como el agua y el aceite, y aunque se revuelvan, es notable la rapidez con que vuelven a sus distintos modos de pensamiento, sin haber obtenido más que una muy sutil ganancia de la asociación. Si esos otros hombres pudiesen sondear con habilidad la mente del experimentalista –que es precisamente aquello para lo que no están capacitados, en su mayoría– pronto descubrirían que, exceptuando quizá aquellos tópicos en que su mente se deja llevar por sus sentimientos personales o por la forma en que fue criado, su disposición apunta a pensar acerca de todo del mismo modo en que se piensa todo en el laboratorio, es decir, como una cuestión de experimentación. Por supuesto, ninguna persona viviente posee por completo las características de su tipo: no es el doctor típico a quien veremos pasar cada día en su coche, ni es el pedagogo típico a quien encontraremos en la primera sala a la que entremos. Pero cuando se ha encontrado, o idealmente construido sobre la base de la observación, al típico experimentalista, se hallará que cualquier aseveración que se le pueda hacer, él la entenderá ya sea como significando que, si una prescripción para un experimento alguna vez puede ser y alguna vez es llevada a cabo como acto, resultará una experiencia de una prescripción dada, o de otro modo él no encontrará en lo absoluto sentido alguno a lo que se le dice. Si se le habla como Mr. Balfour habló no hace mucho a la Asociación Británica, diciendo que “el físico busca algo más profundo que las leyes que conectan los objetos de la experiencia plausibles”, que “su objeto es la realidad física” no revelada en los experimentos, y que la existencia de tal realidad no experiencial “es la inalterable fe de la ciencia”, frente a todo ese significado ontológico se encontrará que la mente del experimentalista está ciega al color. Lo que se añade a esa seguridad en esto, que el escritor debe a sus conversaciones con los experimentalistas, es que casi se podría decir que él mismo ha habitado en un laboratorio desde la edad de seis años hasta muy pasada la madurez; y habiéndose relacionado toda su vida con los investigadores mayormente, ello ha sido siempre con una confiable sensación de comprenderlos y de ser comprendido por ellos.

Pidió al escritor (quien aquí y en lo que sigue simplemente ejemplifica el tipo del experimentalista) llegar a interesarse en los métodos del pensar; y cuando llegó a leer metafísica, aunque mucho de ello le pareció ampliamente razonado y determinado por pre-posesiones accidentales,  aún en los escritos de algunos filósofos, especialmente Kant, Berkeley y Spinoza, a veces encontró esfuerzos en el pensamiento que recordaban los modos de pensar del laboratorio, de manera que sentía que podía confiar en ellos; todo lo cual se ha demostrado también cierto en otros hombres de laboratorio.

Intentando, como haría naturalmente un hombre de ese tipo, formular lo que así aprobó, estructuró la teoría de que una concepción, es decir, la racional pretensión de significar de una palabra u otra expresión, yace exclusivamente en su presencia concebible sobre la conducta de vida; de manera que, como obviamente nada que no pueda ser el resultado de un experimento puede tener una presencia directa sobre la conducta, si uno puede definir con precisión todos los fenómenos experimentales concebibles que la afirmación o negación de un concepto pueda implicar, se tendrá por consiguiente una completa definición del concepto, y no hay absolutamente nada más en ello. Para esta doctrina él inventó el nombre pragmatismo. Algunos de sus amigos querían que la llamara practicismo o practicismo (tal vez sobre la base de que praktikos es mejor griego que pragmatikos). Pero para alguien que había aprendido filosofía a través de Kant, como el escritor lo había hecho, junto con diecinueve de cada veinte investigadores que se habían volcado hacia la filosofía, y quien aún pensaba en términos Kantianos primordialmente, praktisch y pragmatisch estaban tan alejados como los dos polos, situando al primero en una región en que la mente de ningún tipo de experimentalista encontrará terreno firme bajo sus pies, y al último como la expresión de una relación con propósitos humanos precisos. Por otra parte, una de las más impactantes características de la nueva teoría fue su reconocimiento de una inseparable relación entre cognición racional y propósito racional; y esa consideración fue la que determinó la preferencia por el nombre pragmatismo.

En cuanto al tema de la nomenclatura filosófica, hay unas pocas consideraciones simples que durante muchos años el escritor ha querido someter al juicio deliberado de aquellos pocos compañeros estudiantes de filosofía que deploran el actual estado en que se encuentran esos estudios y que se han hecho el propósito de rescatarla de allí y traerla a una condición similar a la que presentan las ciencias naturales, en que los investigadores, en lugar de condenar cada trabajo hecho por los demás como si estuviera mal conducido de principio a fin, cooperan, se apoyan sobre los hombros unos con otros y multiplican los resultados indiscutibles; donde cada observación es repetida, y las observaciones aisladas son menores; donde cada hipótesis que merece la atención es sometida a severo pero justo examen, y solo cuando las predicciones hacia las que conduce han sido notablemente probadas por la experiencia son dignas de confianza, y aún entonces, sólo en forma provisoria; allí donde raras veces se da se da un paso radicalmente en falso, hasta las más imperfectas de aquellas teorías que adquieren una amplia credibilidad como verdaderas en sus principales predicciones experienciales.  A aquellos estudiantes se propone la idea de que ningún estudio puede llegar a ser científico en el sentido descrito, hasta que se le provee con una apropiada nomenclatura técnica, en que cada término tiene un solo significado específico universalmente aceptado por los estudiosos del tema, y cuyos vocablos no tengan la dulzura ni el encanto que pudiera tentar a los escritores a abusar de ellos, –lo que es una virtud de la nomenclatura científica demasiado poco apreciada. Se propone que la experiencia de esas ciencias que han conquistado las mayores dificultades de terminología, que son incuestionablemente las ciencias taxonómicas, la química, la mineralogía, la botánica, la zoología,  ha demostrado sin lugar a dudas que el único y exclusivo modo en que se puede lograr la unanimidad requerida y las rupturas requeridas con los hábitos y preferencias individuales está hecho así para dar forma a los cánones de la terminología, que ganarán el apoyo del principio moral y del sentido de decencia de todo hombre; y que, en particular (bajo precisas restricciones), existirá el sentimiento general de que todo aquél que introduzca una nueva concepción en la filosofía está bajo la obligación de inventar términos aceptables para expresarla, y que cuando lo haya hecho, el deber de sus pares es aceptar esos términos, y de expresar su molestia ante cualquier uso torcido de sus significados originales, no solo por considerarse una grosera descortesía hacia aquel a quien la filosofía le ha quedado en deuda por cada concepción, sino también como un perjuicio a la filosofía misma; y además, que cuando una concepción ha sido provista con las palabras apropiadas y suficientes para su expresión, ningún otro término técnico que denote las mismas cosas, considerado en las mismas relaciones, debería ser aceptado. Si esta sugerencia encontrase aceptación, podría estimarse necesario que los filósofos reunidos en congreso adoptasen, luego de la debida deliberación, los cánones convenientes para delimitar la aplicación del principio. Así, tal como se hace en la química, podría ser sensato asignarle significados fijos a ciertos prefijos y sufijos. Por ejemplo, podemos concordar, tal vez, en que el prefijo prope- debería marcar una amplia y más bien indefinida extensión del significado del término al cual se prefijó; el nombre de una doctrina terminaría naturalmente en -ismo, en tanto -icismo podría marcar una acepción más estrictamente definida de esa doctrina, etc. Por otra parte, tal como en la biología no se toman en cuenta los términos anteriores a Linnaeus, así también en la filosofía sería mejor no llegar más atrás de la terminología escolástica. Para ilustrar otra suerte de limitación, probablemente nunca ocurrió que algún filósofo haya intentado dar un nombre general a su doctrina sin que éste haya adquirido, en el uso filosófico común, una significación mucho más amplia que la propuesta originalmente. Así, unos sistemas especiales llevan el nombre de kantianismo, benthamismo, comteanismo, spencerianismo, etc., mientras que trascendentalismo, utilitarismo, positivismo, evolucionismo, filosofía sintética, etc., se han elevado irrevocable y muy convenientemente a dominios más amplios.

Después de aguardar en vano, durante una buena cantidad de años, una conjunción de circunstancias particularmente oportunas que pudieran servir para recomendar sus nociones de la ética de la terminología, el escritor ha podido ahora, por fin, sacárselas por sobre su cabeza y hombros, en una ocasión en que no tiene ninguna propuesta específica que hacer ni sentimiento alguno que no sea satisfacción por el curso que ha tomado el uso, sin canon alguno ni resoluciones de un congreso. Su palabra “pragmatismo” ha logrado reconocimiento general en un sentido generalizado que pareciera presentar el poder del crecimiento y la vitalidad. El afamado psicólogo, James, lo tomó primero, viendo que su “empiricismo radical” respondía sustancialmente a la definición de pragmatismo del escritor, aunque con una cierta diferencia en el punto de vista. Luego, el admirablemente claro y brillante pensador, Sr. Ferdinand C. S. Schiller, buscando un nombre más atractivo para el “antropomorfismo” de su Enigma de la Esfinge, se iluminó, en el más notable estudio sobre su Sobre Axiomas como Postulados, con la misma designación “pragmatismo”, que en su sentido original estaba en concordancia genérica con su propia doctrina, para la que desde entonces ha encontrado la especificación más apropiada de “humanismo”, pero reteniendo aún “pragmatismo” en un sentido algo más amplio. Hasta aquí todo transcurría felizmente, pero en la actualidad se empieza ocasionalmente a encontrar la palabra en los periódicos literarios, donde se abusa de ella del modo impío que las palabras deben esperar cuando caen en las garras literarias. A veces los modales de los británicos han eflorecido como regaños ante la palabra por estar mal elegida–mal elegida, esto es, para expresar algún significado que debía más bien excluir. De modo que, el escritor, encontrando su dichoso “pragmatismo” tan promovido, siente que ya es tiempo de dar a su criatura un beso de despedida y permitirle ascender hacia su más elevado destino; pero para servir al preciso propósito de expresar la definición original, ruega anunciar el nacimiento de la palabra “Pragmaticismo”, que es lo suficientemente fea como para ponerla a salvo de los secuestradores <1>.

 

A pesar de lo mucho que el escritor ha ganado de la atenta lectura de lo que otros pragmatistas han escrito, aún piensa que hay una ventaja decisiva en su concepción original de la doctrina. Desde esta forma original se puede deducir toda verdad que siga de cualesquiera otras formas, y al mismo tiempo se pueden evitar algunos errores en que han caído otros pragmatistas. La vista original aparece, también, ser una concepción más compacta y unitaria que las otras. Pero su mayor mérito, a los ojos del escritor, es que ella se conecta más prontamente con una prueba crítica de su verdad. Muy de acuerdo con el orden lógico de la investigación, generalmente sucede que uno primero formula una hipótesis que parece más y más razonable mientras más se la examina, pero que solo mucho más tarde se ve coronado con una prueba adecuada. Habiendo tenido la teoría pragmatista bajo consideración durante muchos años más que la mayoría de sus adherentes, el presente escritor le habrá dado naturalmente mucha mayor consideración a su prueba. De todos modos, tratando de explicar el pragmatismo, se le podrá excusar el hecho de apegarse a aquella forma que conoce mejor. En el presente artículo habrá espacio solo para explicar únicamente en lo que esta doctrina (que en manos como las que ha caído ahora puede jugar un rol muy prominente en la discusión filosófica en los próximos años) realmente consiste. Si la exposición fuese de real interés para los lectores de The Monist, de seguro estarán mucho más interesados en un segundo artículo que les dará algunos ejemplos de las múltiples aplicaciones del Pragmaticismo (suponiéndolo verdadero) a la solución de diversas clases de problemas. Después de eso, los lectores podrían estar preparados para interesarse en una prueba de que la doctrina es verdadera, una prueba que le parece al escritor que no deja duda razonable sobre la materia, y que es la gran contribución de valor que tiene que hacer a la filosofía. Puesto que ella involucraría esencialmente el establecimiento de la verdad del sinequismo.

 

La definición de Pragmaticismo por sí sola podría no llevar una comprensión satisfactoria de ello a las más aprensiva de las mentes, sino que requiere que se entregue el comentario abajo. Más aún, esta definición no toma en cuenta una o dos doctrinas sin cuya previa aceptación (o aceptación virtual) el pragmatismo mismo sería una nulidad. Están incluidas como parte del pragmatismo de Schiller, pero el presente escritor prefiere no mezclar proposiciones diferentes. Habría sido mejor declarar las proposiciones preliminares en el acto.

La dificultad para hacer esto radica en el hecho de que nunca se ha confeccionado una lista formal de ellas. Todas podrían estar incluidas bajo la vaga máxima “Desechar las fantasías”. Los filósofos de muy diversas tendencias proponen que la filosofía debe establecer su punto de partida desde uno u otro estado mental en que ningún hombre, y menos los principiantes en filosofía, se encuentra realmente. Uno propone que se debe comenzar por dudar de todo, y dice que hay una sola cosa que no se puede dudar, como si dudar fuera “tan fácil como mentir”. Otro propone que deberíamos comenzar por observar “las primeras impresiones del sentido”, olvidando que nuestros preceptos mismos son el resultado de la elaboración cognitiva. Pero en verdad no hay sino un estado mental desde el que se puede “explicar”, o sea, el preciso estado mental en el que uno en realidad se encuentra al momento de “explicar” – un estado en que se está cargado con una masa inmensa de cognición ya formada, de la cual uno no puede despojarse si lo estuviera; ¿y quién sabe si, si se pudiera, uno no habría hecho imposible todo conocimiento para uno mismo? ¿Llama usted dudar al escribir en un pedazo de papel que usted duda? Si es así, la duda no tiene nada que ver con ningún quehacer serio. Pero no finja; si la pedantería no se ha comido toda la realidad en usted, reconozca, como es debido, que hay mucho en lo que usted no duda ni en lo más mínimo. Ahora, aquello que usted no duda en absoluto, usted debe, y lo hace, mirarlo como una verdad absoluta, infalible. Aquí irrumpe el Sr. Fingimiento: “¡Qué! ¿Quiere usted decir que uno tiene que creer lo que no es verdad, o lo que un hombre no duda es ipso facto verdad?”. No, pero a menos que pueda hacer algo que sea blanco y negro al mismo tiempo, él tiene que mirar lo que no duda como verdad absoluta. Ahora usted, hipotéticamente, es ese hombre, “Pero usted me dice que hay veintenas de cosas que yo no dudo. No puedo convencerme que no haya alguna de ellas acerca de la cual yo esté equivocado”. Usted está aduciendo una de sus realidades fingidas, la que, aún si estuviera establecida, iría solo a mostrar que la duda tiene un límite, es decir, solo es llamada a la existencia por un cierto estímulo finito. Uno solamente se confunde a sí mismo al hablar de esta “verdad” metafísica y “falsedad” metafísica de la que no se sabe nada. Todo aquello con lo uno trata son sus dudas y creencias <2>, con el curso de la vida que fuerza nuevas creencias en uno y le da poder para dudar de las viejas creencias. Si sus términos “verdad” y “falsedad” se toman en sentidos tales que puedan ser definibles en términos de duda y creencia y el curso de la experiencia (como serían, por ejemplo, si se fuera a definir la “verdad” como una creencia hacia la que la creencia tendería si hubiera de tender indefinidamente hacia la estabilidad absoluta), pues muy bien: en ese caso solo se está hablando de duda y creencia. Pero si por verdad y falsedad se quiere significar algo no definible en términos de duda y creencia, entonces se está hablando de entidades de cuya existencia nada se puede saber, y a las que la navaja de Ockham afeitaría al ras. Los problemas se simplificarían grandemente si, en lugar de decir que se quiere saber la “Verdad”, simplemente se dijera que se quiere alcanzar un estado de creencia inatacable por la duda.

La creencia no es una modalidad momentánea de la conciencia; es un hábito mental esencialmente permanente por algún tiempo, y mayormente (al menos) inconsciente; y como otros hábitos, perfectamente (hasta que se encuentra con alguna sorpresa que comienza su disolución), se satisface a sí mismo. La duda es de un género completamente contrario. No es un hábito, sino la privación del hábito. Una privación del hábito, en tanto, para poder ser realmente alguna cosa, debe ser una condición de actividad errática que de algún modo debe llegar a ser reemplazada por un hábito.

Entre aquellas cosas que el lector, como persona racional, no duda, está el que él no solo tiene hábitos, sino que también puede ejercer una medida de auto control sobre sus futuras acciones; lo que no significa, sin embargo, que les pueda impartir cualquier carácter asignable arbitrariamente, sino, al contrario, que un proceso de auto preparación tenderá a impartir a la acción (cuando surja la ocasión para ello), un carácter fijo, lo que está indicado y tal vez medido groseramente por la ausencia (o levedad) del sentimiento de auto crítica, cuya subsecuente reflexión inducirá. Ahora, esta subsecuente reflexión es parte de la auto preparación para la acción en la siguiente ocasión. Consecuentemente, hay una tendencia, en tanto la acción se repite una y otra vez, a que la acción se aproxime indefinidamente hacia la perfección de ese carácter fijo, que estará marcado por la total ausencia de auto crítica. Mientras más cerca se aproxima a esto, menos espacio habrá para el auto control; y donde no haya posibilidad de auto control, no habrá auto crítica.

 

Estos fenómenos parecen ser la característica fundamental que distingue a un ser racional. La culpa, en cada caso, aparece como una modificación, frecuentemente lograda por una transferencia o “proyección” del sentimiento primario de auto crítica. Consecuentemente, nunca culpamos a alguien por aquello que está fuera de su poder de auto control previo. Así, el pensar es una especie de conducta que está grandemente sujeta al auto control. En todas sus características (que no tenemos espacio para describir aquí), el auto control lógico es un perfecto espejo del auto control ético, –a menos que sea más bien una especie bajo ese género. De acuerdo a esto, lo que no se puede evitar creer ni mucho menos, no es, hablando con justicia, una creencia errónea. En otras palabras, para uno es la verdad absoluta. La verdad, se puede concebir que lo que uno no puede evitar creer hoy, lo puede descreer completamente mañana. Pero hay además una cierta distinción entre las cosas que “no se pueden” hacer, meramente en el sentido de que nada lo estimula a uno a realizar el gran esfuerzo y los intentos que serían requeridos, y las cosas que no se pueden hacer porque por su propia naturaleza ellas no propenden a ser puestas en práctica. In cada estado de sus excogitaciones hay algo de lo que solo se puede decir “no puedo pensar de otra manera”, y su hipótesis, basada en la experiencia, es que la imposibilidad es de la segunda clase.

 

No hay razón alguna por la que el “pensamiento”, en lo que se acaba de decir, debería tomarse en ese restringido sentido en el que el silencio y la oscuridad son favorables al pensamiento. Debería ser entendido más bien como cubriendo toda vida racional, de modo que un experimento será una operación del pensamiento. Por supuesto, el máximo estado de hábito hacia el que la acción de auto control tiende últimamente, donde no queda espacio para mayores auto controles, es, en el caso del pensamiento, el estado de creencia fija o conocimiento perfect

Dos cosas aquí son de la máxima importancia para tener plena seguridad y para recordar. La primera es que una persona no es absolutamente un individuo. Sus pensamientos son lo que se está “diciendo a sí mismo”, es decir, está diciendo a ese otro yo que está emergiendo a la vida con el correr del tiempo. Cuando se razona, es a ese yo crítico a quien se está tratando de persuadir; y todo pensamiento cualquiera es un signo, y es principalmente de naturaleza lingüística. La segunda cosa a recordar es que el círculo de la sociedad del hombre (no importa cuán ampliamente pueda entenderse esta frase), es una suerte de persona flojamente compactada, en algunos aspectos con un rango más alto que la persona de un organismo individual. Son estas dos cosas solamente las que le hacen posible a uno –pero solo en lo abstracto, y en un sentido pickwickiano– distinguir entre verdad absoluta y lo que no se duda.

 

Apresurémonos a la exposición del pragmaticismo mismo. Aquí será conveniente imaginar que alguien para quien la doctrina es nueva, pero con una capacidad más bien sobrenatural, hace preguntas a un pragmaticista. Todo lo que pueda dar una ilusión dramática debe ser eliminado, de modo que el resultado sea una suerte de cruza entre un diálogo y un catecismo, pero bastante más de lo último, –algo más bien dolorosamente reminiscente de las Preguntas Históricas de Mangnall.

 

Entrevistador: Estoy muy sorprendido por su definición de su pragmatismo, porque solo el año pasado me aseguró una persona por sobre toda sospecha de distorsionar la verdad –pragmatista él mismo– que su doctrina precisamente era “que una concepción debe probarse por sus efectos prácticos”. Seguramente, entonces, usted debe haber cambiado por completo su definición muy recientemente.

 

Pragmatista: Si usted revisa los Vols. VI y VII de la Revue Philosophique, o la Popular Science Monthly de noviembre de 1877 y enero de 1878, podrá juzgar por sí mismo si la interpretación que menciona no quedó claramente excluida entonces. Las palabras exactas de la enunciación inglesa (reemplazando solamente la primera persona por la segunda), fue: “Considere qué efectos que puedan concebiblemente tener aspectos prácticos concibe usted que pueda tener el objeto de su concepción. Luego su concepción de esos efectos es la TOTALIDAD de su concepción del objeto”.

 

Entrevistador: Bien, ¿qué razón tiene usted para aseverar que esto es así?

 

Pragmatista: Eso es lo que especialmente quiero decirle. Pero es mejor que se posponga la cuestión hasta que usted entienda claramente lo que esas razones profesan probar.

 

Entrevistador: ¿Entonces cuál es la raison d’être de la doctrina? ¿Qué ventaja se espera de ella?

 

Pragmatista: Servirá el mostrar que casi toda proposición de metafísica ontológica o es un  galimatías sin sentido –una palabra definida por otras palabras, y éstas por otras más, sin que se alcance alguna vez una concepción real–, o es derechamente absurdo; de modo que una vez barrida toda esa basura, lo que quedará de la filosofía será una serie de problemas que pueden ser investigados por los métodos de observación de las ciencias verdaderas– acerca de las cuales se puede alcanzar la verdad sin esos interminables malentendidos y disputas que han hecho de las alturas de las ciencias positivas un mero divertimento para intelectos ociosos, una suerte de ajedrez –su propósito el placer del ocio y su método la lectura de un libro. En este aspecto, el pragmaticismo es una especie de prope-positivismo. Pero lo que lo distingue de otras especies es, primero, su retención de una filosofía purificada; segundo, su total aceptación del cuerpo principal de nuestras creencias instintivas; y tercero, su persistente insistencia en la verdad del realismo escolástico (o una cercana aproximación a ello, bien establecida por el difunto Dr. Francis Ellingwood Abbot en la Introducción de su Teísmo Científico). Entonces, en vez de meramente mofarse de la metafísica, como otros prope-positivistas, ya mediante largas y dilatadas parodias o de otras maneras, el pragmaticismo extrae de ella una esencia bastante considerable que servirá para dar vida y luz a la cosmología y a la física. Al mismo tiempo, las aplicaciones morales de la doctrina son positivas y potentes; y tiene muchos otros usos que no son fácilmente clasificables. En otra ocasión se podrán dar instancias para mostrar que realmente tiene estos efectos.

 

Entrevistador: Difícilmente necesito ser convencido de que su doctrina destruiría a la metafísica. ¿No es tan obvio que debe barrer con cada proposición de la ciencia y todo lo que apunta hacia la conducta de la vida? Porque usted dice que el único significado que, para usted, tiene cualquier aserto es que un cierto experimento ha resultado de una cierta manera: Nada más sino un experimento entra en el significado. Dígame, entonces, ¿cómo puede un experimento, en sí mismo, revelar algo más que el hecho de que algo le ocurrió a un objeto individual y que subsecuentemente ocurrió algún otro acontecimiento individual?

 

Pragmatista: Esa pregunta es, en verdad, al propósito –siendo el propósito corregir cualquier equívoco del pragmaticismo. Usted habla de un experimento en sí mismo, enfatizando “en sí mismo”. Evidente usted piensa en cada experimento como aislado de todos los otros. Usted no ha pensado, por ejemplo, que uno podría atreverse a conjeturar que cada serie de experimentos constituye un único experimento colectivo. ¿Cuáles son los ingredientes esenciales de un experimento? Primero, por supuesto, un experimentador de carne y hueso. Segundo, una hipótesis verificable. Esta es una proposición que se relaciona con el universo que sirve de ambiente al experimentador o con alguna parte bien conocida de ello y afirmando o negando de esto solo alguna posibilidad o imposibilidad experimental. El tercer ingrediente indispensable es una duda sincera en la mente del experimentador en cuanto a la verdad de esa hipótesis. Pasando sobre varios ingredientes en los que no necesitamos detenernos, el propósito, el plan, y la resolución, llegamos al acto de elección por el cual el experimentador individualiza ciertos objetos identificables sobre los que se operará. Lo siguiente es el acto externo (o quasi-externo) por medio del cual él modifica esos objetos. En seguida viene la subsiguiente reacción del mundo sobre el experimentador en una percepción; y finalmente, su reconocimiento de la enseñanza del experimento. Aunque las dos principales partes del evento mismo son la acción y la reacción, la unidad de esencia del experimento descansa en su propósito y plan, los ingredientes por sobre los que se pasó en la enumeración.

 

 

Otra cosa: al representar al pragmaticismo como el hacer que el significado racional consista en un experimento (del cual usted habla como un evento en el pasado), usted falla sorprendentemente en captar su actitud mental.

En verdad, se dice que el significado racional no consiste en un experimento, sino en los fenómenos experimentales. Cuando un experimentalista habla de un fenómeno, tal como el “fenómeno de Hall”, el “fenómeno de Zeeman” y su modificación, el “fenómeno de Michelson” o el “fenómeno del tablero de ajedrez”, no se refiere a ningún evento particular que le ocurrió a alguien en un pasado ya enterrado, sino lo que con toda seguridad le ocurrirá en el futuro vivo a cualquier persona que cumpla con ciertas condiciones. El fenómeno consiste en el hecho de que cuando un experimentalista llegue a actuar de acuerdo a un cierto esquema que tiene en mente, entonces algo más ocurrirá y destruirá las dudas de los escépticos, como el fuego celestial sobre el altar de Elías.

 

Y no se mire en menos el hecho de que la máxima del pragmaticista no dice nada de los experimentos aislados o de los fenómenos experimentales aislados (pues lo que es condicionalmente verdad en futuro difícilmente puede ser singular), sino que habla solamente de clases generales de fenómenos experimentales. Su adherente no se resta a hablar de objetos generales como reales, ya que cualquier cosa que sea verdad representa una realidad. Ahora las leyes de la naturaleza son verdaderas.

 

El significado racional de cada proposición descansa en el futuro. ¿Cómo así? El significado de una proposición es él mismo una proposición. En verdad, no es sino la proposición misma de la que cual ella es el significado: es una traducción de ello. Pero de las miríadas de formas en que puede ser traducida, ¿cuál es aquella que debe llamarse su significado mismo? Es, de acuerdo al pragmaticista, aquella forma en la que la proposición deviene aplicable a la conducta humana, no en estas o aquellas circunstancias especiales, ni cuando se toma en consideración este o aquel diseño especial, sino aquella forma que es más directamente aplicable al auto control bajo cada situación y para cada propósito. A esto se debe que él sitúe el significado en tiempo futuro; pues la conducta futura es la única conducta que está sujeta al auto control. Pero para que esa forma de la proposición que debe ser tomada como su significado sea aplicable a cada situación y a cada propósito con el que la proposición guarde alguna relación, debe ser simplemente la descripción general de todos los fenómenos experimentales que el aserto de la proposición virtualmente predice. Pues un fenómeno experimental es el hecho aseverado por la proposición de que la acción de una cierta descripción tendrá una cierta clase de resultado experimental; y los resultados experimentales son los únicos resultados que pueden afectar la conducta humana. Sin duda, una idea que no cambia puede llegar a influir en un hombre más de lo que lo había hecho; pero solo porque alguna experiencia equivalente a un experimento le ha hecho llegar su verdad más íntimamente que antes. Siempre que un hombre actúa con un propósito determinado, actúa bajo una creencia en un fenómeno experimental. Consecuentemente, la suma de los fenómenos experimentales que implica una proposición basa toda su relación sobre la conducta humana. Su pregunta, entonces, de cómo puede un pragmaticista atribuir cualquier significado a cualquier aserto que no sea aquel de ocurrencia singular está substancialmente respondida.

 

Entrevistador: Veo que el pragmaticismo es un fenomenismo completo. Solo que, ¿por qué debería uno limitarse a los fenómenos de la ciencia experimental en lugar de abarcar todas las ciencias de la observación? El experimento, después de todo, es un informante no comunicativo. Nunca se expía (sic: ¿extiende?): solo responde “si” o “no”; o más bien, generalmente suelta un brusco “¡No!” o, en el mejor de los casos, solo emite un gruñido inarticulado para la negación de sus “no”. El experimentalista típico no es muy observador. Es al estudiante de historia natural a quien la naturaleza le abre el tesoro de su confianza, en tanto trata al experimentalista cuestionador con la reserva que él amerita. ¿Por qué debería su fenomenismo tocar la pobre arpa judía del experimento en vez de tocar el glorioso órgano de la observación?

 

Pragmaticista: Porque el pragmaticismo no es definible como “fenomenismo completo”, aunque esta última doctrina puede ser un tipo de pragmatismo. La riqueza de los fenómenos yace en sus cualidades sensitivas. El pragmaticismo no intenta definir los equivalentes fenomenales de las palabras e ideas generales, sino, por el contrario, elimina su elemento sensible y se dedica a definir el sentido racional, y esto lo encuentra en la relación intencional de la palabra o proposición en cuestión.

Entrevistador: Bien, si usted elige esto para hacer que se hagan todos los principios y fines de la vida humana, ¿por qué no hace que el significado consista simplemente en hacer? El hacer tiene que ser hecho en un cierto tiempo sobre un cierto objeto. Los objetos individuales y los eventos singulares cubren toda la realidad, como todos saben, y como un experto debería ser el primero en insistir. Aun así, su significado, como usted lo ha descrito, es general. Así, es la naturaleza de una simple palabra, y no una realidad. Usted mismo dice que su significado de una proposición es solo la misma proposición con otro traje. Pero el significado de un hombre práctico es la cosa misma que él quiere decir. ¿Cuál hace usted que sea el significado de “George Washington”?

 

Pragmaticista: ¡Palabras muy forzadas! Una buena media docena de sus puntos deben ser admitidos, ciertamente. Se debe admitir, en primer lugar, que, si el pragmaticismo realmente hiciera que se cumplan todos los principios y fines de la vida humana, esa sería su muerte, ya que decir que vivimos por el simple amor a la acción, como acción, a pesar del pensamiento que conlleva, sería decir que no existe algo como el sentido racional. En segundo lugar, debe admitirse que cada proposición profesa ser verdadera acerca de un cierto objeto real individual, frecuentemente el universo ambiental. Tercero, debe admitirse que el pragmaticismo falla en proveer alguna traducción o significado de un nombre propio, u otra designación de un objeto individual. Cuarto, el significado pragmaticista es indudablemente general; y es igualmente indiscutible que lo generales de la naturaleza de una palabra o signo. Quinto, se debe admitir que los individuos solos existen; y sexto, se puede admitir que el significado mismo de una palabra u objeto significante debería ser la mismísima esencia de realidad de lo que significa.

Pero cuando, una vez que esas admisiones se han hecho sin reservas, encontramos al pragmaticista aún forzado muy honestamente a negar la fuerza de nuestra objeción, debemos inferir que hay alguna consideración que se nos escapó. Juntando las admisiones, se percibirá que el pragmaticista concede que un nombre propio (aunque no se acostumbra a decir que tiene un significado) tiene una cierta función denotativa peculiar, en cada caso, a ese nombre y sus equivalentes; y que concede que cada aseveración contiene tal función denotativa o pantomímica. En su individualidad peculiar, el pragmaticista excluye esto del sentido racional del aserto, aunque los semejantes, siendo comunes a todos los asertos, y, por tanto, siendo generales y no individuales, pueden entrar en el sentido pragmaticístico. Cualquier cosa que exista, ex-siste, es decir, actúa realmente sobre otros existentes, así es que obtiene una identidad propia y es definitivamente individuo. En cuanto a lo general, será de ayuda al pensamiento el notar que hay dos maneras de ser general.

Una estatua de un soldado en algún monumento pueblerino, con su sobre todo y su mosquete, es para cada una de las cien familias la imagen de su tío, su sacrificio por la Unión. Esa estatua, entonces, aunque es en sí misma única, representa a cualquiera de quien un cierto predicado pueda ser verdadero. Es objetivamente general. La palabra “soldado”, ya sea escrita o hablada, es general en la misma manera; mientras que el nombre “George Washington ” no lo es. Pero cada uno de estos dos términos permanece como uno y el mismo sustantivo, ya sea escrito o hablado y toda vez y en todo lugar en que sea hablado o escrito. Este sustantivo no es una cosa existente: es un tipo, o forma, a la cual los objetos, tanto aquellos que son existentes externamente como aquellos que son imaginados, puedan ser conformes, pero que ninguno de ellos lo será exactamente. Esto es generalidad subjetiva. El significado pragmaticístico es general en ambos sentidos.

En cuanto a la realidad, uno la encuentra definida de diversos modos; pero si ese principio de ética terminológica que se propuso fuera aceptado, el lenguaje equívoco desaparecería muy pronto. Porque realis y realitas no son palabras antiguas. Fueron inventadas para ser términos de la filosofía en el siglo trece, y el significado que se pretendió expresar con ellas está perfectamente claro. Que es real lo que tiene tal o cual carácter, tanto si alguien piensa que tiene esos caracteres o no. De todos modos, ese es el sentido en que el pragmaticista usa la palabra. Ahora, en tanto la conducta, controlada por razones éticas, tiende a fijar ciertos hábitos de conducta, su naturaleza (como para ilustrar el significado, hábitos pacíficos y no hábitos agresivos) no depende de circunstancias accidentales, y se puede decir que están destinadas en ese sentido; así, el pensamiento, controlado por una lógica experimental racional, tiende a la fijación de ciertas opiniones, igualmente destinadas, cuya naturaleza será la misma al final, sin importar cómo la perversidad del pensamiento de generaciones completas pueda causar la postergación de la fijación última. Si esto fuere así, como cada uno de nosotros virtualmente supone que es, en cuanto a cada materia cuya verdad discutimos seriamente, entonces, de acuerdo a la definición adoptada de “real”, el estado de las cosas que serán creídas en esa opinión última es real. Pero, en su mayor parte, tales opiniones serán generales. Consecuentemente, algunos objetos generales son reales. (Por supuesto, nunca nadie pensó que todo lo general era real; pero los escolásticos solían suponer que lo general era real cuando escasamente tenían, o más bien no, evidencia experimental para apoyar sus suposiciones; y su falla está justo ahí y no en sostener que lo general podría ser real). Uno se asombra con la inexactitud del pensamiento aún de los analistas con poder, cuando se refieren a los modos de ser. Uno encontrará, por ejemplo, la presunción virtual de que lo que es relativo al pensamiento no puede ser real. ¿Pero por qué no, exactamente? El rojo es relativo a la vista, pero el hecho de que esto o aquello esté en esa relación con la visión que nosotros llamamos ser rojo, no es relativo a la vista en sí mismo; es un hecho real

Lo general no solo puede ser real, sino que también puede ser físicamente eficiente, no en todo sentido metafísico, sino en la acepción de sentido común en que los propósitos humanos son físicamente eficientes. Aparte de la tontería metafísica, ningún hombre cuerdo duda que, si yo siento que el aire en mi oficina está enrarecido, ese pensamiento puede ser causa de que se abra la ventana. Mi pensamiento, concédase, fue un evento individual. Pero lo que lo llevó a tomar esa particular determinación, fue en parte el hecho general de que el aire enrarecido es malsano, y en parte otras Formas, concerniente a las cuales el Dr. Carus ha hecho que tantos hombres reflexionen con ventaja –o más bien, por las cuales, y la verdad general concerniente a la cual, la mente del Dr. Carus estaba determinada a la firme enunciación de tanta verdad. Pues las verdades, en promedio, tienen una mayor tendencia a ser creídas que las falsedades. Si fuera de otro modo, considerando las miríadas de falsas hipótesis que se pueden contar sobre cualquier fenómeno dado contra una sola verdadera (o si lo prefiere, contra cada verdadera), el primer paso hacia el conocimiento genuino debe haber estado muy cerca del milagro. Así, entonces, cuando se abrió mi ventana, debido a la verdad de que el aire enrarecido es malsano, se trajo a la existencia un esfuerzo físico por la eficiencia de una verdad general y no existente. Esto suena gracioso porque no es familiar; pero el análisis exacto está con ello y no contra ello; y tiene, además, la inmensa ventaja de no cegarnos ante los grandes hechos –tales como que las ideas “justicia” y “verdad” son, sin embargo, la iniquidad del mundo, la más poderosa de las fuerzas que lo mueven. La generalidad es, en verdad, un ingrediente indispensable de la realidad; pues la mera existencia o actualidad individual sin regularidad alguna es una nulidad. El caos es la nada pura.

Lo que asevera cualquier proposición verdadera es real, en el sentido de que es como es sin importar lo que usted o yo podamos pensar de ella. Deje que esta proposición sea una proposición condicional general en cuanto al futuro, y es una generalidad real tal como se calcula realmente influenciar la conducta humana; y el pragmaticista sostiene que ese es el significado racional de cada concepto.

En consecuencia, el pragmaticista no hace que el summum bonum consista en la acción, sino que hace que consista en ese proceso de la evolución por el que lo existente llega cada vez más a dar cuerpo a esas generalidades para las que se decía recién estaba destinado, que es lo que procuramos expresar al llamarlas razonables. En sus estados superiores, la evolución tiene lugar cada vez más extensamente a través del auto control, y esto da al pragmaticista una suerte de justificación para hacer que el significado racional sea general.

 

Hay mucho más en la elucidación del pragmaticismo que podría decirse de provecho si no fuera por el temor a fatigar al lector. Habría estado bien, por ejemplo, mostrar claramente que el pragmaticista no atribuye ningún modo esencial diferente de ser a un evento en el futuro de aquel que atribuiría a un evento similar en el pasado, sino solamente que la actitud práctica del pensante hacia los dos es diferente. También habría estado bien mostrar que el pragmaticista no hace que las Formas sean las únicas realidades en el mundo más de lo que hace que el significado razonable de un mundo sea la única clase de significado que existe. Estas cosas están, sin embargo, implícitamente relacionadas con lo que se ha dicho. Hay solo una observación en cuanto a la concepción del pragmaticista sobre la relación de su fórmula con los primeros principios de la lógica, que necesitan que el lector se detenga.

 

La definición de aseveración universal de Aristóteles, que es comúnmente designada (como una bula papal o auto de una corte, desde sus palabras iniciales) como el Dictum de omni, puede ser traducida como sigue: “Llamamos aseveración (sea afirmativa o negativa) universal, cuando, y solo cuando, no hay nada entre los individuos existentes a los que el sujeto pertenece afirmativamente, sino al cual lo predicado no se referirá del mismo modo (afirmativa o negativamente, según si la aseveración universal es afirmativa o negativa)”. El griego es: legomen de to kata pantos katêgoreisthai otan mêden hê labein tôn tou hupokeimenou kath’ ou thateron ou lechthêsetai. Kai to kata mêdenos hôsautôs. Las importantes palabras “existentes individuales” se han introducido en la traducción (ya que el idioma castellano no permite aquí ser literal): pero es claro que existentes individuales era lo que Aristóteles quiso decir. Los otros desvíos de la literalidad solo sirven para dar formas modernas de expresión castellana. Por otra parte, es bien sabido que las proposiciones en la lógica formal van en pares, pudiendo las dos de un par ser convertibles en las otras mediante el intercambio de las ideas de antecedente y consecuente, sujeto y predicado, etc. El paralelismo va tan lejos que frecuentemente se considera perfecto; pero no es tan así. La pareja apropiada de esta suerte de Dictum de omni es la siguiente definición de aseveración afirmativa: Llamamos aseveración afirmativa (sea universal o particular) cuando, y solo cuando, no hay nada entre los efectos del sentido que pertenezcan universalmente al predicado (universalmente o particularmente, de acuerdo a si el predicado afirmativo es universal o particular) que no se diga que pertenecen al sujeto. Esta es substancialmente la proposición del pragmaticismo. Por supuesto, su paralelismo con el dictum de omnis será admitido solamente por alguien que admite la verdad del pragmaticismo.

 

Permítanme agregar una palabra más en este punto –pues, si uno se preocupa realmente en saber en qué consiste la teoría pragmaticista, debe comprender que no hay otra parte de ella a la que el pragmaticista agregue tanta importancia como al reconocimiento en su doctrina de la completa insuficiencia de la acción, o voluntad o aún de determinación o verdadero propósito, como los materiales con los cuales se construya un propósito condicional o el concepto de propósito condicional. Si se hubiera escrito alguna vez un artículo intencionado en cuanto al principio de continuidad y sintetizando las ideas de los otros artículos de una serie en los primeros volúmenes de The Monist, habría aparecido cómo, con cabal consistencia, esa teoría involucraba el reconocimiento de que la continuidad es un elemento indispensable de la realidad, y que la continuidad es simplemente lo que la generalidad llega a ser en la lógica de los relativos, y así, como la generalidad, y más que la generalidad, es un asunto del pensamiento y es la esencia del pensamiento. Así, aún en su truncada condición, un lector extra-inteligente podría discernir que la teoría de esos artículos cosmológicos hizo que la realidad consistiera en algo más que lo que el sentimiento y la acción podían proveer, considerando se demostró explícitamente que el caos original, donde se encontraban esos dos elementos, era la nada pura. Ahora bien, el motivo para aludir a esa teoría precisamente aquí, es que uno puede someter a una fuerte luz una posición que el pragmaticista mantiene y debe mantener, ya sea si esa teoría cosmológica es finalmente sustentada o refutada, es decir, que la tercera categoría –la categoría del pensamiento, representación, relación triádica, mediación, terceridad genuina, terceridad como tal– es un ingrediente esencial de la realidad, aunque no constituye realidad por sí misma, puesto que esta categoría (que en esa cosmología aparece como el elemento acostumbrado) no puede tener un estado concreto sin acción, como un objeto separado sobre el cual se pueda trabajar su dominio, tal como la acción no puede existir sin el estado de sentimiento inmediato sobre el cual actuar. La verdad es que el pragmaticismo es un cercano aliado del idealismo absoluto hegeliano, del cual, sin embargo, está separado por su vigorosa negación de que la tercera categoría (que Hegel degrada a un mero estado de pensamiento) es suficiente para hacer el mundo, o es aún más que auto suficiente. Si Hegel, en vez de considerar los primeros dos estados con su sonrisa de desprecio, se hubiese mantenido en la idea de ellos como elementos independientes o distintos de la Realidad trina y una, los pragmaticistas lo habrían tenido como el gran vindicador de su verdad. (Por supuesto, los aderezos externos de su doctrina no son de mucha significación). Pues el pragmaticismo pertenece esencialmente a la clase de doctrinas filosóficas triádicas, y es mucho más esencialmente así que el hegelianismo. (En verdad, en un pasaje, al menos, Hegel alude a la forma triádica de su exposición como una simple vestimenta de moda).

Magister: Ronald  Ramirez  Olano

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La simbologìa en la biblia

En la actualidad existen muchos estudios sobre Los hábitos de  lectura como algo fundamental que debemos considerar para  mejorar el proceso de enseñanza aprendizaje de nuestros alumnos, por lo que se  establecen estrategias  didácticas adecuadas para cada tipo  de hábito de lectura  A si    mejorar los aprendizajes de las alumnas, frente a esta realidad nos vimos motivadas a investigar más del tema y  aportar nuestros resultados  con el propósito de ayudar a la comunidad estudiantil  con el deseo de  superación.

Para realizar el descubrimiento de los hábitos de lectura que poseía cada alumna; previa observación de su desarrollo, cognitivo, procedimental y afectivo; se les agrupó de acuerdo a sus intereses y debatieron el tema dado; aplicando seguidamente una encuesta  de cómo desarrollar nuestros hábitos de lectura, el cual permitió conocer el tipo de  hábito  de lectura dominante que tenían más desarrollado, en el proceso de fortalecer sus hábitos ,inteligencias  se realizó  sesiones  de aprendizaje dentro del área de comunicación los temas fueron: reconozco los personajes de la  historieta y valorando la historieta y su imágenes ; tomando como base el tipo de gustos y hábitos que más dominaba en las alumnas, se solicitó que desarrollen sus actividades específicas, de un mismo tema.

El descubrir los hábitos de lectura es un  área  controversial y compleja, su estudio dentro de la psicología,  ha favorecido la  abundancia de  modelos interpretativos que tratan de explicar y medir, trascendiendo en el ambiente educativo que condicionan el trabajo de los educadores, consejeros y cualquier otra profesional que participa en la formación de personas.

El tema de los hábitos de lectura  se ha venido estudiando, desarrollando y cautivando a muchos intelectuales a nivel mundial. Cabe mencionar a quienes pusieron en manifiesto su interés por solucionar en parte la integración de aquellos que  tenían un  aprendizaje poco óptimo y no se adecuaban al estándar.

Es de máxima importancia que reconozcamos y fomentemos el desarrollo de los hábitos  de lectura  en las  personas y  todas las combinaciones de las mismas. Todos somos diferentes, en gran parte porque todos tenemos distintas combinaciones de  hábitos y gustos. Si lo reconocemos, creo que por los menos tendremos una mejor oportunidad para manejar de manera adecuada los muchos problemas que nos enfrentan en el mundo.

 

 

Tanto en América Latina como en Perú,  las instituciones educativas en la actualidad refieren constantemente un problema en la enseñanza aprendizaje de los alumnos, esto debido a un grupo de factores: adolescentes sin una definición adecuada de  sus intereses y aptitudes, esto  sumado a la presión de cumplir el currículo establecido en el año escolar; docente-alumno. Donde el desarrollo de los hábitos  de lectura  se ven subordinadas al desarrollo de la comunicación-memoria, y matemática-memoria, con mínimas horas en desarrollo de los hábitos de lectura,  lo que las   lleva a un desinterés por alguna materia,  ocasionando bajas calificaciones  y  en algunos casos incomprensiones por sus profesores  al no corresponder con las estrategias didáctica adecuadas que estimulen el desarrollo de otras áreas de conocimientos  y relaciones socio-personales.

En la realidad de nuestra educación  la mayoría de docentes desarrollan su actividad sin considerar las características personales de sus alumnos,  su  tipo de inteligencia dominante; usando estrategias didácticas inadecuadas para el proceso de enseñanza aprendizaje.

Básicamente en nuestra localidad el poco conocimiento que tienen los docentes sobre los hábitos de lectura que poseen sus alumnos incrementa el bajo rendimiento académico, ya que, si ellos comprendieran mejor con quien  están tratando adecuarían sus estrategias y lograrían aprendizajes significativos y de alguna manera el rendimiento académico mejoraría.

De ahí que se propuso resolver la siguiente interrogante: ¿Qué efectos produce la aplicación de estrategias didácticas para conocer los hábitos de lectura de las alumnas del 1° de secundaria de la Institución Educativa “Santa Magdalena Sofía“, Chiclayo – 2014?

Los procesos de aprendizaje en los estudiantes del nivel secundario presenta características propias a su edad y desarrollo bajo esa mirada la lectura   ha formado y forma parte de nuestra vida. Una parte valiosa y muy importante. Por lo tanto este es el recurso cognitivo por naturaleza que nos facilita conocer, imaginar. Soñar responder nuestras inquietudes aspiraciones como personas a lo largo de nuestra existencia.

 

Para   abordar el tema de la formación de hábito de lectura, es esencial recordar nuestra propia experiencia como lectores. Recordar nuestro primer contacto con un libro siendo en algunos casos las historietas y el otros los cuentos su primer contacto con un mundo fantástico.

Muchos  han sido  los investigadores  que se han referido sobre el tema destacando la importancia  de los hábitos de  lectura como: David Ausubel, Brunner, Vygotsky, Maclean.

Jean Piaget que  en sus estudios sobre Las etapas de desarrollo de ser  humano  hacen referencias precisas sobre los hábitos de lectura que presenta las personas  durante su desarrollo Psico-Afectivo.

Lo  que nos lleva a definir que  cada  uno de las alumnas  tienes  una forma  peculiar de  aprender siendo esta  una característica propia  he  inherente a  cada  persona, permitiendo  que los  procesos de aprendizajes  evaluados de forma plural  y no  un modelo generalizado  Para  todos los estudiante.

Es  necesario  y básico  determinar una que es el hábito  lector. Según: el diccionario, hábito lector es la disposición duradera, adquirida por la continua repetición de un acto. Uso costumbre.

La lectura, es aquél acto por medio del cual, el lector construye en forma activa el sentido de un mensaje. El acto de leer no es sólo la decodificación de signos escritos y su moralización, leer en sentido riguroso supone la correcta ejecución de cuatro procesos. El perceptivo, basado en la extracción de los signos gráficos y el reconocimiento de las unidades lingüísticas o palabras.  El proceso léxico, que aporta significado a las palabras haciendo uso del almacén de conceptos existentes en la memoria.

El proceso sintáctico, que analiza las palabras agrupadas en frases y oraciones, determinando su función gramatical.

El proceso semántico, que construye y descubre el mensaje y lo incorpora a la memoria del individuo.

Acción duradera y adquirida Vocablos importantes que enmarcan el sentido de leer por placer que nos hace rechazar acciones ligeras con esta historieta o aquella. Por tal motivo Sandroni L (1999) afirma que “se puede concluir que no se nace con un gen de la lectura” y que” se forma muy temprano, muy temprano”

 Huerta (2.006) Los resultados obtenidos en su obra sobre la temática aprendizaje son, que el alumno es el elemento que elabora su propio aprendizaje a raíz de su interacción del alumno con el ambiente. Es decir, mediante una adaptación, representación y organización. Que lo llevara a realizar nuevas creaciones propias fruto de su aprendizaje.

 Blanche (2.002) El desafío de cualquier Maestro es que logre que sus alumnos puedan lograr que encuentren placer en el leer y más aún logren comprender lo que están leyendo.  Lo que llevara al Maestro a hallar las estrategias   necesarias y oportunas para que sus estudiantes logren aprender y así lograr aprendizajes   permanentes en el alumno, con es desarrollar el hábito por la lectura.

Pearson (1994).Consideraba  que los procesos de enseñanza aprendizaje  se estratificaban    de tal manera  que el lector elaboraba  un significado  con  su interacción con el  texto, es por ello  se considéralo de orientación constructivista  es por ello  que  entre este accionar  da origen  a la compresión

Bransford y Johnson (1973) “Este investigador, afirma  que el entender los símbolos lingüísticos  no se fundamenta en los conocimientos de  un lenguaje  por  parte del que comprende  por el contrario   es el entender  todo el entorno que lo rodea  permitiendo de esta manera desarrollar  sus potencialidades  innatas y adquiridas, durante su existencia. Sus estudios afirman que las experiencias del sujeto con la compresión de un texto se ven involucrado el mundo en que se desarrolla la persona

Todo acto de  inferencia con lleva a  la compresión  ya que realizar  muchas más inferencias  se obtendrá   resultados  satisfactorios, a la  persona  que comprenderá   con mayor exactitud los textos  que ha sido sometido a  su estudio. Las teorías de aprendizajes de Vygotsky facilitan de forma lógica entender, interpretar, modificar lo que le sujeto lee, de acuerdo a su experiencia previa.

Según lo afirmado anteriormente se llega a conclusión que, la comprensión lectora se entiende como un proceso en el cual se emplean las claves dadas por el autor y el conocimiento previo que la persona posee para inferir el significado presentado por aquél”.

  Pearson y Johnson (1988)” Para lograr una lectura compresiva significativa se tendrá que tener siempre en cuenta puntos esenciales que nos llevaran a lograr una compresión completa de lo que se está leyendo. Fruto del cual podremos desarrollar hábitos que se podrán perpetuar durante toda la vida del alumno.

Para lograr  que los alumnos  tengan  Habito  por la  lectura  debemos  presentar a los textos que van hacer uso  los alumnos en formatos atractivos, novedosos que despierte su interés  que mejor manera  en formato de  historieta. De esta manera modificaremos la manera de   brindar nuestras clases a los alumnos sin dejar de lado lo estipulado por los órganos educativos. Puesto que  Pearson y Johnson  en sus estudios  afirman que la para  lograr la compresión  de texto  se de tener en cuenta  como se  le presenta  el material educativo  al  alumno en clase. Siempre brindando un visión panorámica del material impreso presentado a los alumnos.

Dar a los alumnos una   amplia variedad de textos, revistas, historietas, cuentos. Brindar todas las facilidades para que los alumnos puedan desarrollar su creatividad, imaginación, puedan proponer temas de su interés que estimule los hábitos por la lectura. Es de esta forma como podremos lograr que los alumnas muestren interés por la lectura.

Conociendo a John Smyth(No el mormon)

El nacimiento de Jesucristo en Belem    hace más de dos mil años ha provocado un cambio sin precedentes en la historia de la humanidad, Este cambio se ve reflejado en la sociedad.  que este descendiente   directo de la   casa de David ha derribado   los esquemas que la sociedad pensaba inamovibles.

Uno de estos cambios es la formación del pensamiento cristiano que tiene como base el amor contra   el modelo de odio de la sociedad esclavista que predomina en el mundo es de esta forma como sus seguidores fueron   conocidos como cristianos lo que promovió la creación de una comunidad de cristianos que ha influenciado notablemente en la historia de la humanidad atraves del espacio tiempo histórico de la sociedad.

En tal sentido abordaremos   la historia de la formación de la iglesia cristiana más allegada a   las fuentes Bíblicas y la que se somete a sus normas, se trata de la iglesia bautista y sus influencias   en   la historia al paso de los siglos.

 

La moderna Iglesia Bautista fue fundada en los Países Bajos en 1609 por John Smyth, un clérigo que se había apartado de la Iglesia de Inglaterra. Smyth mantenía que la iglesia debía admitir a sus miembros mediante el bautismo cuando hubieran reconocido conscientemente su fe y, como los niños no pueden hacerlo, se oponía al bautismo de niños. Algunos de sus seguidores fundaron una iglesia bautista en Londres en 1612; su pastor era Thomas Helwys, quien creía en la tolerancia religiosa para todos los hombres y mujeres, incluidos ateos y paganos, además de cristianos.

La difusión de las iglesias bautistas estuvo influida en gran medida por los movimientos de avivamiento de los dos siglos siguientes. En 1891, los bautistas generales y los bautistas particulares se unieron en la Unión Bautista de Gran Bretaña e Irlanda. Los bautistas son la mayor denominación de los Estados Unidos, y hay comunidades bautistas importantes en la India, Myanmar, Brasil, Nigeria, Gran Bretaña, Rumania y Ucrania. No obstante, como se trata de una iglesia mundial, los bautistas dan testimonio de su fe en muchos otros países.

 

Uno de sus más destacados   fundadores de la iglesia Bautista primigenia fue John Smyth   nos ocuparemos brevemente acerca de él.

John Smyth (Surtun, Nottinghamshire, 1566 – 28 de agosto de 1612, Ámsterdam, Países Bajos), fue el primer prelado bautista de Inglaterra y un defensor del principio de libertad religiosa. Los historiadores consideran a John Smyth como uno de los fundadores de la denominación bautista.

Se piensa que Smyth era hijo de John Smyth, un hacendado de Sturton-le-Steeple, Nottinghamshire.1 Cursó sus estudios en el Queen Elizabeth’s High School en Gainsborough. Completó su formación teológica en el Christ’s College en Cambridge. Ejerció como profesor hasta 1598. Como ante sala de su futuro, le fue encontrarse con el Movimiento Puritano Calvinista y la amistad con sus antiguas tutoras Francis Johnson, conocido separatista inglés.

En el año 1594, Smyth fue ordenando en Inglaterra como sacerdote anglicano. Poco después de su ordenación, rompió con la Iglesia de Inglaterra y se fue a Holanda, donde él y su pequeña congregación, comenzaron a estudiar la Biblia intensivamente. Tras ello en 1600 fue nombrado predicador de la ciudad de Lincolnshire, pero ya para 1602, sus posturas habían llevado a un rompimiento de su parte con la Iglesia de Inglaterra. Se hizo rápidamente impopular en Lincolshire. En los sermones suyos que hoy se conservan se lo ve como un puritano, que abogó siempre por el bautismo del creyente.

La separación de John Smyth no fue tal hasta que el rey Jacobo I de Inglaterra, dictó las leyes anti-puritanas en la Conferencia de Hampton Court, en el año 1604. Smyth se integra definitivamente al Movimiento Separatista en Lincolnshire y por un breve tiempo será uno de sus grandes líderes. Ya en el año 1608, la presión política sobre el movimiento fue de tal magnitud, que Smyth se vio obligado a huir con sus seguidores a Ámsterdam. Entre este grupo de refugiados fue Thomas Helwys, quien más tarde fundaría la Primera Iglesia Bautista en Inglaterra.

En 1609, tras un profundo estudio de las Escritura, Smyth y los miembros de su congregación llegaron a la conclusión de que el bautismo debía ser administrado al creyente adulto que ha expresado por su propia voluntad su fe en Jesucristo, bautismo del creyente, (en oposición del bautismo infantil). Tras llegar a dicha interpretación, decidieron unirse para formar la primera iglesia bautista del mundo moderno. Los bautistas creen que el bautismo es un signo de obediencia a Dios, (Mateo 28:19-20). También creen que el bautismo debe ser por inmersión y es básicamente un símbolo de la muerte, sepultura y resurrección de Jesús (Gálatas 2:20).

En un principio, Smyth, estuvo estrechamente alineado con los puntos de vista de la Iglesia Anglicana, pero con el tiempo aquellos puntos de vista fueron cambiando, al ir estudiando la Biblia.

La adoración: En primer lugar, Smyth, insistió en que la adoración debe ser del corazón y que cualquier forma de adoración, que se lea en un libro, no es más que una invención del hombre pecador. Este rechazo de la Liturgia, sigue siendo fuerte entre muchos bautistas, aún hoy. La oración, el canto y la predicación tiene que ser completamente espontánea, en otras palabras, que no sea regida por un libro litúrgico. Esta idea surgió de la creencia de que la adoración debe ser guiada por el Espíritu Santo.2

Los oficios de la iglesia: En segundo lugar, Smyth, re-instauró el esquema primitivo de oficios de la iglesia, los cuales son el Pastor y el Diácono. Esto en contraste con la Iglesia Católica con sus oficios de Obispo, Sacerdote y Diácono y el sistema de los Protestantes Reformados con sus Pastores-Ancianos, Ancianos-Laicos y Diáconos.

El bautismo de Smyth: En tercer lugar, y tras haber estudiado las Escrituras, los bautistas que habían sido bautizados cuando niños, se dieron cuenta que debían ser bautizados nuevamente. Como no había ningún otro ministro para administrar el bautismo, Smyth se bautizó a si mismo (por eso se le dice “The Se-Baptist”, de la palabra latina “Se”, que significa Si mismo) y luego procedió a bautizar a su congregación. A pesar de esta opinión generalizada, el Dr. John Clifford, citado en la “General Baptist Magazine”, (Londres, Júlio de 1879, vol. 81), registra lo siguiente con fecha de 24 de marzo de 1606: “…esta noche, a medianoche, el anciano John Morton bautizó a John Smyth, Vicario de Gainsborough, en el río Don. Estaba tan oscuro que nos vimos obligados a tener luces de antorcha. El anciano Brewster oró, el señor Smyth hizo una buena confesión, se fue a Epworth con sus ropas empapadas, pero no sufrió ningún daño. La distancia era de más de dos millas. Todos nuestros amigos estaban presentes. Al Dios Trino sea la alabanza…”

 

Fuentes

http://funes.uniandes.edu.co/8038/2/Arguedas2015Nicolas.pdf

https://books.google.com.pe/books?hl=es&lr=&id=lRClAQAAQBAJ&oi=fnd&pg=PT12&dq=john+smith+fundador+de+la+iglesia+bautist&ots=k1wDKHuCNQ&sig=D7iA2v9Btk2ISLK8F9QZ

http://www.mercaba.org/VocTEO/B/bautistas.htm

 

https://forocristiano.iglesia.net/foros/religion/foro-general-de-religion/48270-por-que-los-bautistas-no-son-protestantes-historia-de-la-iglesia-primitiva

http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_smyth

Enciclopedia Británica   (decimonovena edición  2000)

 

La Biblia y la ley de atracciòn

La Biblia   es un libro que rige la vida de los cristianos y por consiguiente es la fuente donde se centra la fe de los seguidores del hijo de   Dios   cuyo nombre no se nombra, pero todos lo conocemos.

Aceptando esto podemos afirmar que la   ley de la   atracción   tiene    componentes materialistas enmascarados en prácticas de bien, es una versión maquillada del positivismo   filosófico del siglo XIX, Pero bueno   no olvidemos que la ley de la atracción está basada   en prácticas politeístas    que son muy comunes en la India, tomemos este punto si es de uso común en latitudes como India observemos como esta estas poblaciones están allí las muestras.

En el presente artículo veremos la historia breve pero concisa de donde nace esta filosofía que en occidente se presenta como novedosa y como receta de solución a   los problemas de la civilización Humana entonces mis amigos empecemos.

La ley de la atracción es la creencia de que los pensamientos (conscientes o inconscientes) influyen sobre las vidas de las personas, argumentando que son unidades energéticas que devolverán a la persona una onda similar

La frase “ley de la atracción” ha sido utilizada por escritores, teósofos, autores]. Según los partidarios de dicha ley, esto significa que los pensamientos que una persona posee (sean estos conscientes o inconscientes), se supone que provocan las emociones, las creencias y consecuencias. A este proceso se lo describe como “vibraciones armoniosas de la ley de la atracción”, o “tú obtienes las cosas que piensas; tus pensamientos determinan tu experiencia”.

Algunos autores identifican antecedentes históricos de la “ley de atracción” en el hinduismo y a través del hinduismo en la teosofía, pero también se han encontrado referencias en el judaísmo y en el zohar (la cábala). La existencia de estos antecedentes, no implica que todos ellos estén históricamente conectados, ya que la ley de atracción podría surgir como resultado de prejuicios cognitivos comunes a todos los seres humanos.

Las elaboraciones modernas de dicha idea deben su existencia, en parte, a James Allen (1864 – 1912) que en 1902 publicó As a man thinketh (‘piensa como hombre’). Posteriormente Wallace Delois Wattles (1860 – 1911) publicó La ciencia de hacerse rico (1910) y por Charles F. Haanel publicó The Master Key System (‘el sistema de la llave maestra’) (1912). Durante el siglo XX varios autores han hecho referencia a estas obras y las ideas contenidas en ellas.

Esta ley enuncia, que por intermedio del pensamiento es posible atraer lo deseado, por este motivo se asocia a Ley de la atracción con la ley de mentalismo, uno de los 7 principios o leyes espirituales de Hermes Trismegisto, enunciadas en el Kybalión, libro escrito por Los Tres Iniciados. La ley de mentalismo dice que todo en el universo es una creación mental y que el hombre, por intermedio de su pensamiento, crea su propia realidad.

Los seguidores que aceptan la ley de atracción como una guía, lo hacen desde la fe en que las leyes del Universo son benignas. Algunos seguidores de esta creencia afirman que la ley de atracción es una “ley del Universo”, dado que aplica a todos los seres sin excepción, el 100% del tiempo y no es algo que una persona pueda elegir si aplica o no. Comúnmente se utiliza el ejemplo de su similitud con la gravedad en este aspecto, dado a que uno no puede decidir “no aplicar” o “no creer” en la gravedad en su vida. Cabe notar que el término “ley” no es el mismo utilizado por la comunidad científica .

Algunos de los proponentes de una versión moderna de la “ley de la atracción” adjudican sus raíces a la física cuántica. Según ellos, los pensamientos tienen una energía la cual genera energía similar. Para poder controlar dicha energía, sus proponentes afirman, que deben seguirse cuatro pasos:

Saber qué es lo que uno quiere y pedirlo al universo (siendo “el universo” cualquier cosa que el individuo acepte, como Dios).

Enfocar los pensamientos de uno mismo sobre el objeto deseado con sentimientos como entusiasmo o gratitud.

Sentir o comportarse como si el objeto deseado ya hubiera sido obtenido.

El pensar en lo que uno no tiene, según dicen, se manifiesta en perpetualidad de no tener, mientras que, si uno adhiere a estos principios, y evita pensamientos “negativos” el Universo hará manifiestos los deseos de la persona.

El teósofo tibetano Djwhal Khul la define como la ley básica de la manifestación y la ley suprema de este sistema solar. Considera que es la ley que equilibra los dos polos, siendo la Ley de la economía la que rige el polo negativo y la Ley de síntesis la del polo positivo. Desde el punto de vista del ser humano, trae la comprensión que da la autoconciencia.

En el nuevo testamento de la biblia se hace referencia a esta ley en Marcos 11:20-24 y Mateo 21:19-22, el texto dice: Por la mañana, al pasar junto a la higuera, vieron que se había secado de raíz. Pedro, acordándose, le dijo a Jesús: —¡Rabí, mira, se ha secado la higuera que maldijiste! Tengan fe en Dios —respondió Jesús—. Les aseguro que si alguno le dice a este monte: “Quítate de ahí y tírate al mar”, creyendo, sin abrigar la menor duda de que lo que dice sucederá, lo obtendrá. Por eso les digo: Crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración, y lo obtendrán.

Contradicciones en la Ley dela atracción

Algunos aficionados a los juegos de razonamiento han encontrado incongruencias y contradicciones en esta supuesta ley. Estas contradicciones pasarían por encontrar un método de relacionarlas con leyes físicas conocidas y demostradas para así mostrar que son incongruentes por reducción al absurdo.5

La revista Skeptical Inquirer6 criticó la falsibilidad y la capacidad de prueba de estas afirmaciones. Los críticos han afirmado que las pruebas aportadas suelen ser anecdóticas y que, debido a la naturaleza de auto-selección de los informes positivos, así como la subjetiva naturaleza de cualquier resultado, estos informes son susceptibles de sesgo de confirmación y sesgo de selección. El físico Ali Alousi, por ejemplo, criticó que no se puede medir y cuestionó la probabilidad de que los pensamientos pueden afectar a cualquier cosa fuera de la cabeza
científica, contiene los rasgos más claros de la pseudociencia: “creencia o práctica que a pesar de presentarse como científica, no se basa en un método científico válido, le falta plausibilidad o el apoyo de evidencias científicas o no puede ser verificada de forma fiable con afirmaciones exageradas de imposible verificación y un exceso de peso en la confirmación en lugar de en los intentos rigurosos de refutación, una falta de disposición al examen por parte de otros expertos”.

Entrevistas a los autores de la película y libro la Nueva Era y ponentes, intentan explicar los supuestos principios de una ley metafísica que puede atraer todo lo que uno piensa de forma coherente. En el Comité para la Investigación Escéptica, Mary Carmichael y Radford Ben escribieron que “ni la película ni el libro tiene ninguna base en la realidad científica”, y que su premisa contiene una “otra cara fea: si usted tiene un accidente o enfermedad, es su culpa “. Le preguntaron: “Si un avión se estrella, ¿significa eso que uno o más de los pasajeros ha traído sobre sí mismo?”[cita requerida].

Otros han cuestionado las referencias a la teoría científica moderna, y han mantenido, por ejemplo, que la ley de la atracción tergiversa la actividad eléctrica de las ondas cerebrales. Víctor Stenger y Leon Lederman, son críticos con los intentos de utilizar el misticismo cuántico para salvar cualquier explicación o efectos aparentemente inverosímiles, ya que las consideraban rasgos de la moderna pseudociencia. Escribiendo en el New York Times, Virginia Heffernan caracteriza el secreto como “una serie de malas interpretaciones… y máximas fraudulentas” que no obstante ” lleva a [su] a un lugar feliz “.

“He leído en varios sitios donde hacen uso de textos bíblicos para darle soporte a la famosa ley de la atracción.  ¿Debe de tener su importancia la biblia para aquellos grupos que la usan para sostener otro tipo de prácticas?  y como no, si es la palabra de Dios con la cual usó a personas para que las generaciones futuras pudieran tener acceso a ese conocimiento, un conocimiento de historia, amor y verdad que vino a confirmar Jesús de Nazareth (El Mesías) hace más de 2.000 años.

Para poder entender en contexto y en detalle si existe o no alguna relación entre las palabras de la biblia y la ley de la atracción, primero debemos tener bien claro ambos conceptos validados directamente desde la fuente de quienes son sus precursores, claro está, en el caso de la biblia podemos rastrear su origen hasta donde la historia misma y la arqueología nos lo permita”

. Saber qué es lo que uno quiere y pedirlo al universo (siendo “el universo” cualquier cosa que el individuo acepte como Dios).

Enfocar los pensamientos de uno mismo sobre el objeto deseado con sentimientos como entusiasmo o gratitud.

Sentir o comportarse como si el objeto deseado ya hubiera sido obtenido.

Estar abierto a recibirlo.

El pensar en lo que uno no tiene, según dicen, se manifiesta en perpetualidad de no tener, mientras que, si uno se adhiere a estos principios, y uno evita pensamientos “negativos” el Universo hará manifiestos los deseos de la persona.

El teósofo tibetano Djwhal Khul la define como la ley básica de la manifestación y la ley suprema de este sistema solar. Considera que es la ley que equilibra los dos polos, siendo la Ley de la economía la que rige el polo negativo y la Ley de síntesis la del polo positivo. Desde el punto de vista del ser humano, trae la comprensión que da la autoconciencia.

Otros autores simplemente asocian estos principios a la física cuántica.  Incorporan ideas místicas similares a aquellas encontradas en ciertas tradiciones religiosas o creencias de la New Age. Se deriva de una malinterpretación del problema de la medición – el rol aparentemente especial que cumplen los observadores en la mecánica cuántica. El término relacionado “charlatán cuántico” ha sido usado peyorativamente por escépticos para descartar la creencia de que la teoría cuántica aprueba creencias místicas, mientras que “misticismo cuántico” ha sido usado como una descripción más neutral de las ideas que combinan los conceptos del misticismo oriental y la física cuántica.

la biblia de la ley de atracción

Muchos de los seguidores que se guían por los principios de la ley de atracción, sugieren que ciertos versículos de la biblia le dan soporte a esta ley, dentro de los que podemos mencionar:

Todo lo que necesitamos es pedir

Mat 7:7 Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad a la puerta y se os abrirá.

Mat 7:8 Porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama a la puerta, se le abre.

El poder de nuestros pensamientos y nuestras palabras

Mat 12:37 porque por tus palabras serás justificado y por tus palabras serás condenado.

De igual forma, se nos recuerda qué sucede con quien pudiendo enfocarse en abundancia, decide albergar en su mente pensamientos de miedo, duda y escasez:

Mat 25:29 Porque a todo el que tiene le será dado y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

La Biblia también enseña qué es lo que da poder a la Ley de la Atracción:

Mat 21:21 Y respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, si tenéis fe y no dudáis, no sólo haréis lo de la higuera, sino que aun si a este monte dijerais: Sé quitado y echado al mar, será hecho;

Mat 21:22 y todo cuanto pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis.

El concepto que somos lo que pensamos en nuestro interior se estableció desde tiempos muy antiguos en la época de Salomón, Rey de Israel:

Pro 23:7 Porque según piensa en su alma, así es; Come y bebe, te dirá, Pero su corazón no está contigo;

Muchos de los versículos que sugieren que existe relación entre la biblia y la ley de atracción fueron tomados de: http://www.yocreomifuturo.com/?p=253.  Lamentablemente, muchos están sacados fuera de contexto y esto es una lástima y van a perdición, no porque yo lo diga, sino que la misma biblia lo dice: Mateo 5:17-19: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasara de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, este será llamado grande en el reino de los cielos.”

¿Usted quiere ser llamado grande o pequeño en el reino de Dios?, es una decisión personal y muy importante, piénsela bien.

Cuando nos acercamos a las Escrituras siempre debemos hacerlo teniendo en cuenta algunos detalles que son muy importantes, en primer lugar debemos presentarnos como que nada sabemos, con un corazón circunciso, dispuesto a ser instruido, sin prejuicios y desde luego debemos “trasladarnos” hacia aquel entonces, teniendo en cuenta el contexto histórico, cultural y aun religioso del pasaje que intentamos comprender; pero todo esto en vano sería si el Espíritu Santo no nos auxilia con sabiduría, conocimiento y revelación por su gracia.

El primer pasaje que usan estos grupos es:

Todo lo que necesitamos es pedir

Mat 7:7 Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad a la puerta y se os abrirá.

Mat 7:8 Porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama a la puerta, se le abre.

Creo que es importante que nos hagamos ciertas preguntas para que podamos adecuarnos al contexto de las palabras del Maestro:

¿A quién debemos pedir, al Universo?

Jesucristo   te la respuesta:

Mat 7:11 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre celestial dará cosas buenas a los que le piden!

Mat 7:13 Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que conduce a la perdición, y muchos son los que entran por ella.

Pidan (A Dios Padre en nombre de Cristo), y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre. – Mateo 7:7-8

¿Qué es que lo debemos pedir?

Stg 4:3 pedís y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.

Aquí en Santiago explican claramente que a nuestro Padre Celestial no le agrada que pidamos vanidad, cosas para el deleite de nuestras pasiones en este mundo. Sin embargo, La Ley de ATRACCIÓN nos concede Todo, sin importar lo que sea o el tamaño de nuestra petición. Ahora ¿Cree Usted que lo que viene por Ley de atracción viene del Padre?

El poder de nuestros pensamientos y nuestras palabras

Mat 12:37 porque por tus palabras serás justificado y por tus palabras serás condenado.

¿A qué palabras se refería el Maestro?, en el verso anterior el Maestro aclara:

Mat 12 :36 Y Yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio,

La Biblia también enseña qué es lo que da poder a la Ley de la Atracción:

Mat 21:21 Y respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, si tenéis fe y no dudáis, no sólo haréis lo de la higuera, sino que aun si a este monte dijerais: Sé quitado y echado al mar, será hecho;

Mat 21:22 y todo cuanto pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis.

Mat 21: 22 Esto es, conforme a Su voluntad 1 Jn_5:14-15:

1Jn 5:14 Y ésta es la confianza que tenemos ante Él: que cuando pidamos algo conforme a su voluntad, Él nos escucha.

1Jn 5:15 Y si sabemos que nos escucha en cualquier cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hemos hecho.

¿Usted quiere pedir prosperidad y una vida mejor en este mundo? lea:

Sal 73:3   Porque tuve envidia de los soberbios, Viendo la prosperidad de los malvados.

Pro 21: 21 El que va tras la justicia y la misericordia, Halla vida, prosperidad y honra.

Síntesis

El materialismo   en todas sus facetas formas presentaciones busca alejar al ser humano de su creador

Se crea un antropoidolatrismo   que se puede lograr   todo si Dios.

Los pensamientos   son expresiones    de nuestra humanidad.

Sometida el lay de la atracción a la luz de la Biblia sale derrotada y prevalece según análisis genuinos y veraces realizados por   expertos en temática bíblica en sendos libros dan por sentados estos análisis.

“La mentira siempre cabalga sobre los lomos de la verdad. Y ciertamente en el documental The Secret (El Secreto), basado en el libro que lleva el mismo título, escrito por Rhonda Byrne y publicado originalmente en inglés con el título The Secret en 2007, las falsas y perniciosas doctrinas se mezclan con algunos principios universales y claros, expuestos en La Biblia”.

Cada vez que oigo hablar o leo sobre una “nueva verdad”, una “clave” o un “secreto” en el que se cifran la felicidad, el bienestar y la prosperidad tanto física como espiritual del ser humano, se me activa el radar de la desconfianza y se agudiza mi sentido crítico (como debe suceder con cualquier persona que posea aun el más elemental grado de discernimiento, que no es otra cosa que la capacidad para distinguir, partiendo de una cosmovisión judeocristiana de la vida, no sólo entre lo bueno y lo malo, sino entre lo bueno y lo mejor). Estas “nuevas verdades”, “claves” o “secretos” descubiertos y revelados para “beneficio” del ser humano casi siempre son estratagemas con fines de lucro que aparentan ser lógicas, sensatas y por supuesto realizables, mediante las cuales se promete el abastecimiento de necesidades fundamentales y aspiraciones del ser humano con fórmulas simplistas y a menudo peligrosas, para lograr el éxito en todo ámbito de la vida y alcanzar la elusiva felicidad. Sin embargo, cuando se estudian detenidamente estas “nuevas verdades”, “claves” o “secretos”, a la luz de la palabra de Dios, el sentido común y    las experiencias cotidianas, invariablemente aparece el error.

En resumen, no debemos aceptar jamás como verdad incuestionable lo que un ser humano asevera o enseña, por sincero y persuasivo que el mismo sea, sin antes someter tales aseveraciones o enseñanzas al fuego escrutador de la palabra de Dios. Porque a menudo, entre los apetitosos bocados que nos llevamos a la boca, con el deseo de satisfacer necesidades reales y sentidas, vienen escondidas las dañinas espinas doctrinales que pueden perjudicarnos irreparablemente.

Los cristianos deben, por su parte, imitar el ejemplo de los creyentes de la ciudad de Berea durante el primer siglo de la iglesia cristiana, quienes “eran más nobles que los de Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hech. 17:11).

Por:  Ronald Ramírez Olano

Referencias

LA BIBLIA

http://www.lyssaroyal.com/art-channelingSPN.htm.

http://es.wikipedia.org/wiki/Ley_de_la_atracci%C3%B3n

http://es.wikipedia.org/wiki/Misticismo_cu%C3%A1ntic

Hicks, E., & Hicks, J. (2007). El Secreto de la ley de la Atracción en Acción. Video DVD). México: Art House mouvies de México, de México, SA de CV.

Cruz, C. (2005). La ley de la atracción. Edit. Taller del Éxito. Venezuela. Astilleros, A., & Vinuesa, V. (2008). La ley de la atracción en acción. Barcelona, España: Atrévete a